La Gracia


Autor: Pedro García, Misionero Claretiano

Quiero comenzar hoy con las palabras de un Sacerdote muy autorizado, que escribe:
– Hablar de la Gracia ha dejado de ser hoy privativo de los sacerdotes, que discutíamos sobre cuestiones insolubles, mientras ella permanecía inactiva en los manuales de Teología.

Han sido los seglares, en sus movimientos de apostolado, los que han captado a la primera su valor. La Gracia, así, sin más, se ha convertido en un punto central y en el motor de toda la espiritualidad de los seglares.

Miran a Jesucristo como fuente de la Gracia.
Ven al Espíritu Santo como la misma Gracia y Don de Dios.

Acuden a los Sacramentos para acrecentar la Gracia.
Su temor consiste en el miedo a perder la Gracia.
Así, de un salto, han sabido ascender a la cumbre de la vida cristiana.
¡Gracias a este Sacerdote, que así valora nuestra espiritualidad!

En los mensajes que estamos iniciando, la Gracia tendrá un puesto de honor. Con ello no haremos más que seguir la trayectoria de San Pablo, que al principio de la carta a los de Éfeso entona el himno más grandioso a la Gracia.
– ¡Bendito Dios, que en Cristo nos ha colmado de toda bendición celestial! Porque la Gracia es Dios mismo que se nos da en Jesucristo; Dios que se vuelca en nosotros, sin reservarse nada; Dios que se empeña en meternos dentro de su misma gloria.
– Nos ha predestinado a ser sus hijos adoptivos, en Cristo Jesús. Porque en Jesús, el Hijo de Dios, somos nosotros también hijos de Dios.
– Marcados por el sello del Espíritu Santo, prenda de la herencia eterna. Porque sólo en el Cielo se consumará esa vida de Dios, que Él ha metido en nosotros.
– Merced a la riqueza de su Gracia, tenemos la remisión de los pecados por la sangre de Cristo. Nuestra antigua fealdad se ha convertido en una hermosura que hechiza al mismo Dios.
– Porque nos ha hecho santos, inmaculados, amantes. ¿Soñar en algo más divino y celestial?…
– ¿Todo esto, para qué? ¡Para alabanza y gloria de su Gracia!… Nuestra vida y nuestra eternidad no serán más que un himno de agradecimiento a quien ha realizado en nosotros auténticas maravillas con su fuerza poderosa, como en María, la primera colmada de Gracia.

Con esta página, Pablo nos hace entender, o vislumbrar al menos, lo que es la Gracia.
Es Dios que se nos da.
Es Dios que nos transforma en Dios.
Es Dios que nos hace hijos en su Hijo Jesucristo.
Es Dios Espíritu Santo, que se derrama en nuestros corazones.
Es Dios que nos hace llevar una vida divina.
Es Dios que nos glorifica eternamente en su Gloria…

Los que han practicado un Cursillo de Cristiandad tienen una fórmula escueta, lacónica, pero de un contenido riquísimo, para situarnos debidamente ante el don de Dios.

¿Cómo hay que vivir la Gracia? Y nos dicen ellos que la Gracia debe ser consciente, creciente y compartida.

¿Consciente?… Entonces, queremos saber lo que es la Gracia. La queremos valorar, para no venderla por un plato de lentejas, peor que Esaú. Iremos por el mundo sabiendo que somos del Cielo.

¿Creciente?… Entonces, ¡a llegar hasta el tope! ¡A ser unos santos! ¡A hacer que el capital produzca intereses altísimos, hasta llegar a ser mañana los multimillonarios de la Gloria!… Y los Sacramentos, la oración, el trabajo santificado, la enfermedad llevada con amor, todo ha de hacernos crecer en esa vida divina que Dios ha volcado en nosotros. ¡No conocemos la pereza espiritual!…

¿Compartida, finalmente? Entonces, sabremos llevarla a los demás, a muchos hermanos nuestros que viven sin ella. Nos ponemos a disposición de Jesucristo, que quiere repartir los dones de la salvación a los hermanos por medio nuestro.

Vivimos un tiempo feliz, porque nos ha tocado ser conscientes de la realidad de la Gracia. Ya no somos aquellos cristianos que no sabían lo que llevaban en la mano…
Aquel rey del siglo quince perdió en la batalla una joya preciosísima. La encuentra un soldado, y la tira por tierra:
– ¡Vah! Un trozo de cristal…

Otro soldado tampoco la valora, y la vende por unas monedas tontas. De mano en mano, la joya para al fin en el Papa, que la incrusta en la tiara pontifica…

La joya del cuento encierra más valor doctrinal del que aparenta. Son muchos los que agarran con la mano tesoros divinos sin darse cuenta de lo que Dios prodiga a montones. Al no ser conscientes de ellos los dejan para otros más avispados…

Los cristianos de hoy nos hemos vuelto bastante listos con la Gracia.

Porque la valoramos, no queremos perderla en la batalla de la vida, pues sabemos que esta joya es, nada más y nada menos, que la misma Vida eterna…..

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Publicado por

Alberto B

Cursillista desde 2006

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