El Hijo eterno


Cirilo toma en cuenta a sus oyentes venidos del arrianismo o tentados por él cuando escribe: “Tengamos, pues, fe en el Hijo de dios, nacido, Dios verdadero, del Padre, porque el verdadero no engendra la mentira. Tampoco dudó, engendró: pero  engendró eternamente y más rápidamente que producimos palabras y pensamientos… Nosotros que hablamos en el tiempo, empleamos el tiempo, mientras que para la fuerza divina, la generación traspasa el tiempo” (cat. XI, 16).

Luego, Cirilo nos ofrece un sugestivo comentario de Jn 10, 30: “El Padre y yo somos uno” (cat. XI, 16). Uno por causa de la gloria que conviene a la divinidad: Dios ha engendrado a Dios. Uno por causa de la Realeza: el Padre no tiene unos súbditos y el Hijo otros súbditos, como Absalón oponiéndose a su padre: sino los súbditos del Padre son igualmente los súbditos del Hijo. Uno, puesto que las obras de Cristo no son de clase y de otra las del Padre; no hay sino una creación universal, hecha por e Padre a través del Hijo (tou patros dia huiou pepoièkotos).

Además, contra la tentación moralista, Cirilo precisa: “no es Padre quie se ha encarnado, sino el Hijo… El Padre no sufrió por nosotros sino que el Padre envió a Aquél que sufrió por nosotros”. No se puede excluir aquí una alusión a Orígenes para corregirlo. Así se expresa Cirilo en su onceava catequesis bautismal (17).

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Publicado por

Alberto B

Cursillista desde 2006

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